Dear Mr. President

Una amiga me manda esta canción para que circule por la red y nos haga pensar un poquito

Sin más palabras... para todos los presidentes autoritarios de este mundo que creen que el fin justifica los medios y que el dolor ajeno les importa un pimiento...

El rumbo

Hace unos años, buscando un consuelo imposible, cayó en mis manos un libro de Jorge Bucay, hablaba sobre la pérdida, sobre el duelo, como transitar y sopreponerse ante la muerte. Tengo que deciros, francamente, que no me sirvió de nada. No hay palabras, ni ideas, ni pensamientos que oculten o mitiguen las imágenes, los recuerdos y sobre todo, la ausencia. Solo el tiempo te hace la vida soportable, aunque de vez en cuando se te salten las lágrimas por las cosas más inesperadas.

Así que dejé el libro y olvidé el autor, hasta que hace un par de meses me lo volví a encontrar en la estantería de una librería. Esta vez con un título más acogedor: "El camino de la felicidad".

Yo no creo que la felicidad tenga un camino, ni que exista realmente más allá de momentos puntuales. Para mi la vida son una mayoría de momentos moderadamente felices o infelices, unos pocos que realmente te llenan el espíritu y otros pocos de tremenda infelicidad, y no hay más. Mi objetivo es vivir en la moderada felicidad en la medida de lo posible.



En todo caso me compré el libro, porque ojeando las primeras páginas me gustó el estilo directo, la comunicación sencilla y profunda que me ofrecía. Lo primero que nos dice: no existe un camino a la felicidad, existe tu camino a la felicidad, ¿tienes un rumbo?

Y me llevé el libro en la mochila mientras de camino a casa iba dándole vueltas a la idea, ¿tengo un rumbo? ¿o camino errático ante elecciones inmediatas y el miedo a lo desconocido? ¿Por qué hago lo que hago y no otra cosa?

Muchas personas de mi entorno me dicen que me como demasiado la cabeza, pero yo no entiendo la vida sin reflexión, dejándote llevar por la inercia de lo que viene, como un barco abandonado al viento, yo quiero tener en mis manos el timón, aunque me estrelle contra las rocas.

Como mi capacidad es limitada, y un tanto subjetiva, suelo a acudir a unos pocos amigos que ante una cerveza escuchan mis pensamientos y, muchas veces, me rompen los esquemas y me ayudan a salir de círculos viciosos.

Uno de ellos me dijo, pues claro, conozco a poca gente que tenga las ideas tan claras como tú, llevas siguiendo los mismos pasos desde que te conozco hace más de 10años, tú eres un emprendedor.

Me quedé atónito, no me hubiera yo definido así de ninguna manera, veo a los emprendedores como intrépidos aventureros con geniales ideas y tremendo empuje, y yo no creo estar en este registro, más bien soy un mar de dudas permanentes que otra cosa, que va tocando teclas conforme le llaman la atención.

En fin, el libro sigue contándome recetas, ideas y propuestas, pero mi cabeza se va a otra parte, quizá necesite primero saber quien soy, o quizá no, mejor construir mientras sigo mi rumbo. Seguiré pensando en ello.

Como reyes...

Si paseamos por cualquier supermercado, o por una plaza de mercado y observamos con atención, veremos una extraordinaria variedad de frutas, hortalizas, carnes y pescados accesible para la gran mayoría de la ciudadanía. No nos extraña, ya lo sé, pero esta variedad y calidad está muy por encima de las posibilidades que tenían los reyes del medievo, e incluso me atrevo a decir, nuestro rey Alfonso XIII de principios del siglo XX.

Los avances científicos y las mejoras en la agricultura, los mejores sistemas de transporte y distribución nos aportan una "posibilidad" de alcanzar un nivel de vida alimenticio extraordinario.

Y digo "posibilidad" porque suele pasar que cuando lo tenemos todo acabamos no valorando nada. Aún recuerdo a mi abuelo "rebañando" los platos y comiéndose hasta la última miga de pan, pero claro, el pasó en los 40, como una toda generación lo que significa el hambre, la escasez de casi todo, las ya casi olvidadas cartillas de racionamiento.



Esto me lleva a varias reflexiones, ahora cada vez generamos más basura, tiramos comida y no se nos pasa por la cabeza ni por un segundo que hay otro mundo que se muere de hambre, que no vive en la opulencia como nosotros. Y encima esta basura, junto con otras barbaridades que perpetramos en el planeta para mantener nuestro nivel de vida de reyes, está perjudicando seriamente el planeta (pero bueno, como por ahora pagan estos pobres que yo tenían para comer, sigamos a lo nuestro)

Y en un segundo aspecto, como no lo valoramos, ahora por aquí en vez de disfrutar de esta extraordinaria riqueza y variedad de alimentos, cada vez comemos peor. El sábado en el Mercadona esperaba con mi hijo en la cola y observé la compra de una familia delante con sus dos hijos: cuatro tipos de galletas, dos tipos de helados, sopa instantánea, pizzas preparadas y un largo etc. de cosas que podríamos llamar con justicia "comida basura", atiborrada de grasas saturadas y productos químicos varios, muy perjudiciales a largo plazo para nuestro organismo, que genera obesidad y una subalimentación de vitaminas, hierro, potasio, calcio y un largo etc.

Escuchaba en la radio hace dos semanas una iniciativa ciudadana para concienciar en los colegios a las familias para conseguir una alimentación sana, dieta mediterránea y menos fritos, fruta y menos bollería industrial.

Es para preguntarse seriamente en que tipo de sociedad vivimos y si estamos todos infectados por un virus de estupidez. En cualquier mercado ahora mismo se pueden encontrar cerezas, albarillos, albaricoques, melocotones, melones, manzanas, peras, sandías, etc. ¿es que hay que convencer a la gente para que disfrute de estos privilegiados dones y deje de atiborrarse de porquería grasientas y prefabricadas? Inaudito, pero la respuesta es que sí, claramente, la obesidad infantil es nuestro indicador más claro.

Y además, cada vez cocinamos menos, la cultura culinaria familiar se pierde irremisiblemente, ¿cuántas casas incluyen en su dieta alcachofas, acelgas, espinacas, calabacín...? Y ciudado, en una época con un extraordinario acceso a la información, ahora mismo metéis en google cocinar espinacas y os saldrán seguro 300 recetas interesantes.

Pero no está todo perdido, afortunadamente hay muchas voces, muchas iniciativas, muchas personas empeñadas en cambiar este mundo... en la lucha contra la pobreza, en la conciencia ecológica, en un comercio justo, en fomentar los productos ecológicos, la alimentación sana... en muchas cosas es recuperar el sentido común que perdimos hace mucho tiempo...

Eso sí, tenemos que ser receptivos, ser más ciudadanos para ser más libres. Por ahora, negocio y marketing 10 - Ciudadanía 0.. pero como el Alcoyano, vamos a remontar esto, dennos más tiempo y ya verán